Eduardo
Salazar, diseñador de Vertu, compañía que fabrica los dispositivos, explicó el
proceso.
Por
la cabeza del diseñador industrial bogotano Eduardo Salazar Fajardo, quien
trabaja actualmente para Vertu –compañía que fabrica teléfonos inteligentes de
lujo– han pasado miles de ideas que se han materializado en teléfonos móviles
que han comprado celebridades como David Beckham, Tiger Woods, empresarios
multimillonarios de China, Rusia, EE. UU. y Europa, quienes desembolsaron entre
30.000 y 500.000 dólares para hacerse con estas ‘joyas’.
Salazar,
invitado a la Bienal Internacional de Diseño Industrial, organizada por la
Universidad Jorge Tadeo Lozano, en Bogotá, habló con EL TIEMPO y explicó con
detalle el proceso para sacar al mercado un teléfono inteligente.
Afirmó
que su trabajo es apenas un aporte dentro de un equipo interdisciplinar,
conformado por ingenieros, diseñadores, gerentes de producción y mercadeo y
otros especialistas que logran sacar adelante los proyectos más osados y
exigentes.
¿Cuáles
son los factores claves para diseñar un celular?
Es
vital saber a que tipo de consumidor está dirigido el producto, las
especificaciones del equipo - brief de diseño-, los componentes electrónicos y
toda la información que se pueda recopilar de los análisis de mercadeo.
¿Qué
se hace con esta información? Inicia el proceso de diseño. Se realizan bocetos
a mano, modelos rudimentarios y luego se empiezan a pulir y a trabajar en los
detalles. Cuando se tiene un modelo consolidado se elaboran diseños en
computador. Una vez se define el diseño se conforma un equipo, de entre 20 y 40
personas, integrado por las áreas de diseño, ingeniería mecánica y producción,
que trabajan en el desarrollo de un equipo entre 12 y 18 meses.
¿Qué
retos enfrenta un diseñador?
El
primer reto es trabajar la parte estética, que el teléfono sea atractivo. El
diseñador industrial se convierte en un negociador al interior de la empresa y
en un defensor del diseño y del usuario. El equipo debe seducir al consumidor y
en eso se trabaja durante dos años.
¿Cuál
es el margen de error?
En
Vertu la ventana de error es muy pequeña. Cada proyecto que se saca adelante se
tiene que vender. En la etapa de diseño se puede experimentar, de cada 20
bocetos uno resulta como modelo final. El diseño debe estar perfecto cuando se
vaya a producción para evitar rediseños y sobrecostos en el proceso.
¿Dónde
está el éxito de Vertu?
En
pensar en el cliente. Un teléfono de alta gama de Vertu está diseñado
específicamente para un público. Los materiales, acabados y precisión del
ensamblaje hacen que sea una pieza única, –como un reloj– que está respaldada
por características técnicas competitivas.
¿Cuánto
cuesta un Vertu?
Están
en un precio promedio de 30.000 dólares y existen ediciones especiales de
teléfonos que han alcanzado el medio millón de dólares.
¿Qué
público los compra?
Millonarios.
Personalidades de la farándula y en su mayoría empresarios de China, Rusia,
EE.UU. y Europa.
¿Cómo
se logra que un equipo sea atractivo para hombres y mujeres?
Es
difícil de resolver. Las mujeres son un público muy exigente y fino. Creo que
actualmente el iPhone y los Lumia son productos que lograron esa simbiosis y
son altamente apetecidos por ambos géneros.
¿Qué
tecnologías marcan la pauta hoy en el diseño?
Los
microprocesadores y las memorias. Su potencia, capacidad y desarrollo van a
permitir que una persona maneje toda su vida desde un smartphone. Además, con
el incremento del consumo de multimedia las pantallas son más grandes, las
cámaras tienen mayor resolución y la velocidad del Internet móvil sigue
aumentando. Así, todos los componentes están evolucionando.
¿Qué
nos espera en el diseño de ‘smartphones’ y tabletas?
El
límite para diseñar un teléfono inteligente lo está dando la portabilidad y
allí juega un papel importante el tamaño de los bolsillos de las prendas de las
personas. Vamos hacia equipos híbridos -entre tabletas y smartphones –, muy
delgados, livianos y potentes. Todo esto impulsado por el consumo de
multimedia.
Miguel
Jaramillo Angel
Redactor de EL TIEMPO
Redactor de EL TIEMPO
publicado 25/09/2012
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